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La pregunta más irritante



¿Por qué NO lo dijeron antes?, era la pregunta que más odiaba formular en las juntas con mi equipo. Cuando eso sucedía, significaba que habíamos perdido una ocasión única, en lugar de aprovecharla y actuar a tiempo para reconducir la situación.


Sinceramente, uno llegaba a preguntarse: “¿qué más desconozco que esté pasando, y no me lo dicen?”. Me cuestionaba, ¿por qué lo hacían?, ¿tenían miedo?, ¿inseguridad?, ¿quizá les faltaba confianza? ¿o tan sólo era un acto de pura ignorancia?


Lo cierto es que este comportamiento se debe al deseo de esconder (o no decir a tiempo) la verdad, por lo menos esa es la primera intención, incluso cuando lo hacemos con nuestro jefe y durante la junta periódica de revisión del negocio.


Una actitud que claramente provoca que las ‘bolas de nieve’ de errores, problemas o desvíos en el plan de acciones se vuelvan cada vez más grandes. Algo que podría perfectamente evitarse.


Cuando me percaté de lo grave del asunto, analicé, desde 3 puntos de vista, las causas que originan tan lamentables y, a veces, cotidianas realidades:


- Desde el talento, donde a priori parece inverosímil que personas de alto nivel académico no sepan que escondiendo la verdad no conseguirán más que perjudicar a la organización y, en consecuencia, a ellos mismos. Hay que ser muy arrogante para pensar que nadie va a descubrir, por ejemplo, un error, por el simple hecho de no notificar a tiempo.


- Desde la inteligencia emocional, donde podríamos deducir que la desconfianza y/o la antipatía entre miembros del grupo, indetectables en muchos casos, sean la causa de tal ocultación. Para mí, no obstante, disfrazar algo importante es más que un sentimiento o una emoción, es un simple acto de odio.


- Finalmente, desde la perspectiva de la persona ética y comprometida, donde el hecho de no levantar la mano para comunicar algo importante revela cobardía, la cual sólo se justifica por la apatía o la falta de interés en realizar un buen trabajo.


Sea por el motivo que sea, hay que sortear a toda costa que no sepamos qué está de verdad ocurriendo en nuestra organización. En los negocios es esencial anticiparse, y todos sabemos que lo que sucede hoy, y no se comunica de inmediato, finalmente saldrá a la luz y será mucho peor. Seguramente, ‘animará’ al director general cuando lo sepa. En ese preciso instante estoy seguro de que el máximo responsable preguntará tristemente a su equipo de primer nivel: ‘¿Por qué no me lo dijeron antes?’.


Cuando eso ocurre, empieza una lluvia de excusas pre elaboradas y expuestas a título individual (con o sin apoyos), o por pequeños grupos, o también colectivamente (cosa que raramente ocurre). Los más allegados entre sí, se apoyan; los que no tienen coartada, bajan la cabeza; y los que no tienen apoyo, sufren las primeras consecuencias. En ocasiones se atribuye el error al que menos culpa tiene, pues es difícil saber quién fue el primero que se enteró y no lo comunicó. ¡Qué lástima!


“No tuve tiempo porque me dediqué a otras prioridades” es, sin duda alguna, la excusa que más me irritaba escuchar. El tiempo nunca debe ser la razón que impida algo tan simple como comunicar. Escribir unas líneas de email, llamar por teléfono, o incluso visitar a las personas presumiblemente afectadas por el retraso o la incidencia, son tareas que no deberían afectar en absoluto a la agenda de un colaborador, ni mucho menos a un director o gerente.


Tengo que contarles que llegué a solucionar (*) este mal ‘innecesario’, tal y como un equipo de los que se denominan de ‘alto rendimiento’ debería comportarse. Precisamente, el rendimiento no se consigue tapando información, más bien al contrario.


Formarse en comunicación asertiva está bien, aunque no evita este problema. En mi experiencia, sólo la unidad e integridad del grupo, más allá de la meramente profesional, reduce el ocultamiento de la verdad. Cuando nos vemos y tratamos de forma abierta y conectada, sin juicios ni expectativas, ni miedo a lo que nos dirán o pasará por anunciar algo que no gustará, llega el momento en que las sorpresas desagradables casi desaparecen, por lo menos las que emanan de un equipo de primer nivel, pues son ellos los que las pueden y deben prevenir.


(*) contáctanos y te platicaremos sobre nuestras soluciones para vivir mejor en el trabajo.

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