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"Yo si puedo", "Yo no puedo"



¿Cómo puede ser que una persona que se lanza con paracaídas no ceda el paso a un peatón?


Una gran mayoría de la publicidad relacionada con la superación y el crecimiento personal va acompañada de imágenes con cierto grado de dificultad física y/o mental. Sobre todo, si navegamos por las redes sociales, donde es ampliamente aplaudida y premiada. Al grito de ‘YO SI PUEDO’, nos brindan imágenes aventureras, acciones trepidantes, desafíos emocionantes, a veces con un trasfondo social triste y desgraciado, los cuáles te animan y motivan a vencer un obstáculo personal por enorme que éste sea.


Por supuesto, lanzarse con paracaídas, cruzar un río caudaloso o subir en globo, son actividades increíbles que requieren de una preparación y esfuerzo fuera de lo habitual. Sin embargo, una gran mayoría de personas las realizamos sin más inconveniente que la descarga de adrenalina que nos ocasionan en el momento de su ejecución.


Si me permiten, es un ‘YO SI PUEDO’ algo engañoso. Alguien podría llegar a pensar que, “si me lanzo con paracaídas, tendré el valor de superar cualquier reto que se presente en mi vida”. O en caso contrario, “si no soy capaz de cruzar ese puente, nunca triunfaré en mi negocio”. Normalmente se trata de un ‘YO SI PUEDO’, acompañado de los verbos ‘tener’, ‘ganar’, ‘alcanzar’, ‘dirigir’ o ‘terminar’; en donde se atribuye un esfuerzo físico/mental con la determinación de culminar un propósito personal como, por ejemplo, tener un mejor salario, ganar un premio o dirigir un grupo de personas.


Me encantan estos anuncios, no obstante, percibo que nos hace falta un tipo de publicidad más colaborativa y menos egoísta, más humana y menos materialista, donde el verbo ‘ser’ sea el verdadero protagonista. En este caso estaríamos hablando de un esfuerzo emocional y/o espiritual, en lugar de físico o mental.


Parece como si el camino más fácil para ser mejores líderes pase prioritariamente por la senda de ‘conocer o hacer algo nuevo’ y no contemple el sendero de ‘ser alguien diferente’.

Ciertamente, lo que los seres humanos no hacemos tan fácilmente es ajustar nuestras actitudes, es decir, corregir comportamientos o remediar malos hábitos. Este es, tristemente, el ‘YO NO PUEDO’, o en algunos casos el ‘YO NO QUIERO’.


¡Ah, eso si de verdad cuesta! Ser más respetuoso, ser más educado, ser más atento, o ser más humilde. Acciones como no reducir la velocidad cuando nos acercamos a un paso de peatones o cuando el auto que circula por delante nos indica que quiere pasar a nuestro carril, son ejemplos claros del ‘YO NO QUIERO’.


¿Dónde está la diferencia? Ambas situaciones te proporcionan la inspiración necesaria para ser un buen líder. Créanme que la sensación de dejar pasar a un peatón es increíblemente sana y te reduce el nivel de estrés tanto o más que subirse a una tirolesa.


Así es, la diferencia radica en la actitud. Lanzarse con paracaídas no es, necesariamente, un tema de conducta. Ceder el paso a un peatón que va a cruzar la calle, si lo es.

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