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Cuando te despiden a los 54…


Si te despiden y tienes más de 50 años, no se acaba nada. Al contrario, todo empieza.

Tal como dice uno de nuestros eslóganes: “Es el momento de cambiar el HACER por el EMPEZAR”.


Obviamente cada caso es diferente, pero hay algo en común a lo que no debes renunciar, como es, ‘aprender de la experiencia’. En este artículo les comparto brevemente la mía. Ojalá sirva de motivación e ilusión a otra persona despedida a esa magnífica edad, donde uno tiene mucha maestría y destreza en el mundo laboral para iniciar cualquier nueva oportunidad y, todavía, en plenas facultades de obtener los conocimientos necesarios para aprender y emprender algo nuevo.


La tradición marítima indica que el capitán es el último en abandonar un barco que se hunde. Yo tenía prácticamente 54 años, cuando en octubre de 2015 me notificaron, desde ‘Capitanía General’, que debía saltar de la embarcación. La nave aún flotaba, aunque ya muy deteriorada después de la crisis económica del 2007, con una tripulación extenuada después de los feroces temporales que habíamos soportado. Fueron años muy duros, con pocas satisfacciones y muchos sacrificios, económicos, mentales y espirituales.


Y llegó la desagradable noticia: “…lamentamos informarte que, debido a la situación económica que estamos atravesando, tenemos que finalizar tu relación laboral con nosotros…”. Un precedente hasta entonces desconocido para mí, después de haber trabajado en cinco firmas a lo largo de 37 años, desde que empecé a los 17, y haber sido siempre quien decidía cambiar de aires en busca de nuevos retos y proyectos.


Voy a ser honesto; ciertamente me dolió, y mucho. Experimenté una pérdida, pues fueron varios años de relación, con varios actos de amor y fidelidad en ambos sentidos. La verdad es que perdí algo de mi identidad y reputación, y también se disiparon por completo mis ingresos, los cuales estaba acostumbrado a recibirlos regularmente. Afortunadamente soy de los que creen, y han experimentado, que con menos ingresos también podemos vivir y ser felices; y eso me ayudó a no centrarme sólo en el dinero.


No me afectó en absoluto dejar la rutina y, sin apenas pensarlo, busqué rápidamente un nuevo trabajo. Quedé finalista en dos procesos de selección, aunque eligieron al otro candidato. En ningún momento pensé que la decisión de no contratarme había sido motivada por mi edad, sin embargo, era una realidad muy evidente que los mensajes ofreciéndome una nueva posibilidad laboral eran muy escasos.


Tomar decisiones en la vida es un valor y una virtud muy enriquecedora para cualquier persona, por lo que inicié el proceso de encontrar la decisión más correcta en ese momento.

Después de esos 3 primeros meses, algo trepidantes y estresantes, ‘puse el freno’ y me dediqué a pensar y a reflexionar. Era el momento perfecto de evaluar todo aquello que verdaderamente me importaba y sigue importando en la vida, y lo hice practicando el gratificante juego del ‘feedback’, conmigo mismo y con los demás. ¿Soy realmente feliz?, recuerdo que fue la primera pregunta que me formulé. La respuesta, clara y afirmativa, despeja la incógnita de muchas otras ecuaciones que se plantean cuando uno se queda sin trabajo, como, por ejemplo: ¿Qué tipo de trabajo buscar? ¿Qué soporte financiero realmente necesitas?, o incluso cuestiones más profundas como ¿Quién eres? ¿Cuáles son tu visión y tu misión en este mundo?


Después de otro intento de continuar trabajando por cuenta ajena, y de ejecutar los cuatro pasos ineludibles para tomar una decisión, como son pensar, dialogar, consensuar y decidir, pasé a la acción.


En mi caso, me lancé a la aventura, a hacer algo completamente diferente. Como dijo Soren Kierkegaard, - “aventurarse causa ansiedad, pero no hacerlo es perderse a uno mismo” –, y yo, no quise perderme.


Acompañado de Diana, como siempre, nos aventuramos en el mundo de los negocios, lo que en términos modernos se denomina emprender. Lo hicimos básicamente en busca de mantener nuestra felicidad por encima de cualquier cosa, y también, de servir a la vida de una manera consciente y de transmitir el aprendizaje adquirido durante años, en distintas culturas y países, sobre cómo vivir mejor en el trabajo.


Haz lo que desees, pero sobre todo elige ser feliz. Y hazlo consciente, sensata y honestamente, porque como dice Mónica Mendoza, experta en inteligencia emocional: "Los emprendedores tienen que aprender que, en esta vida, triunfa quién es más feliz".


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